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Educación en Colombia: tenga cuidado con la deserción escolar

Un niño es una semilla y de nosotros depende que crezcan y den los mejores frutos, hay una responsabilidad que como sociedad debemos afrontar y es trabajar en pro del desarrollo y la permanencia de niños y jóvenes en la educación.

Cortesía.

En países como Colombia las brechas en la educación han estado marcadas por las diferencias entre dos opuestos: educación pública o privada, y la educación en zonas rurales y urbanas. Además, la crisis causada por el COVID-19 no solo puso en evidencia estas brechas, sino que las agudizó y uno de los desafíos importantes de la educación es la deserción escolar, según United Way Colombia (UWC).

De igual forma, la reapertura de los colegios tuvo un ritmo diferente en el ámbito público y en el privado. Existe una brecha entre los recursos y capacidades de estos dos, lo cual lleva a una mayor facilidad para gestionar los cambios de infraestructura y los protocolos necesarios desde el sector privado.

Muchas de las instituciones educativas de carácter privado contaban con recursos para implementar modelos mixtos en donde una parte de los alumnos estudian desde casa, mientras que otros lo hacen en el aula de manera simultánea.

Pero esa modalidad no fue tan fácil de implementar en el sector público, que presenta enormes rezagos en la apropiación de herramientas tecnológicas para favorecer los aprendizajes de los estudiantes, y que requirió de grandes inversiones para asegurar el distanciamiento social y reducir el aforo al 35% de la capacidad instalada del aula.

Así mismo, mientras que algunos estudiantes de los colegios ubicados en las grandes ciudades pudieron continuar con su proceso de aprendizaje mediante plataformas virtuales, la mayoría de los alumnos en zonas rurales o en hogares con bajo acceso a conectividad experimentaron marcadas interrupciones en sus procesos educativos.

Cristina Gutiérrez de Piñeres, directora de United Way Colombia, dijo que “para sumarle al contexto complejo, están la falta de oportunidades, de herramientas tecnológicas y de habilidades socioemocionales que pueden afectar la motivación de los niños y jóvenes en la educación. Esto puede influir en que opten por abandonar los estudios para dedicarse a trabajos no cualificados desde temprana edad”.

Según la ejecutiva, las instituciones educativas y las secretarías de educación tienen que identificar los casos de deserción. Es decir, no solo hacer la medición numérica de cuántos niños desertan, sino identificar exactamente quién es cada uno, de manera que pueda hacerse un seguimiento personalizado en el que se procure identificar las causas de la deserción del estudiante y su desvinculación al sistema educativo.

Según Gutiérrez, “en la medida en que la reactivación de las actividades escolares se realice con buenas condiciones institucionales y ayude a mitigar las posibles causas de deserción asociadas a los factores individuales enlistados, esta reactivación debería disminuir la deserción escolar”.

También advirtió que existen otras causales como la inseguridad de las zonas donde se ubican las instituciones educativas, generando problemas de convivencia entre los estudiantes, haciéndolos sentir inseguros; falta de gusto e interés, asociado a la falta de aplicabilidad de los contenidos del aula a la vida real; y las históricas dificultades académicas, como resultado a la falta de comprensión por parte de los alumnos de los contenidos o metodologías de enseñanza y evaluación. 

Gutiérrez de Piñeres dijo que un niño es una semilla y de nosotros depende que crezcan y den los mejores frutos, hay una responsabilidad que como sociedad debemos afrontar y es trabajar en pro del desarrollo y la permanencia de niños y jóvenes en la educación. Desde de la Fundación United Way se realiza un trabajo integrado con todos los actores involucrados en el proceso de su educación que permita crear herramientas para la continuidad escolar.