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Lunes, Enero 15, 2018 - 17:25

El candidato a la presidencia de la República por el Partido Liberal, Humberto de la Calle Lombana, lanzó sobre  las 5:00 pm de este lunes en la Plaza Santander de Bogotá sus propuestas de gobierno. El programa se denomina ‘La paz en marcha’.

Luego de esta presentación el candidato liberal pasará a recorrer el país para socializarla durante esta semana. Durante el evento, Humberto de la Calle, hizo su primer discurso como candidato presidencial para empezar en firme sus campaña electoral.

Aunque en las últimas semanas se habló de posibles alianzas de De la Calle con los candidatos presidenciales Clara López, Gustavo Petro y Carlos Caicedo, el mismo De la Calle decidió marginarse de ese proyecto y ha intentado unirse, en cambio, a Sergio Fajardo, aspirante de Coalición Colombia. 

<blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><p lang="es" dir="ltr">¡Vamos rumbo al Parque Santander a presentar nuestra agenda programática! Acompáñanos a poner <a href="https://twitter.com/hashtag/LaPazEnMarcha?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#LaPazEnMarcha</a>  <a href="https://t.co/4jEQ5h2XDn">https://t.co/4jEQ5h2XDn</a></p>&mdash; Humberto de la Calle (@DeLaCalleHum) <a href="https://twitter.com/DeLaCalleHum/status/953023827260428288?ref_src=twsrc%5Etfw">15 de enero de 2018</a></blockquote>
<script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>

Este fue el discurso del candidato Humberto de la Calle:

LA PAZ EN MARCHA

Queridos colombianos; queridos amigos y amigas:

"Hoy vengo a decirles que –juntos– vamos a construir UN PAÍS DONDE QUEPAMOS TODOS.

En este momento en más de 300 ciudades de todo el país miles de ciudadanos se han reunido para escuchar este lanzamiento. Aquí, en la plaza Santander, hemos desbordado el aforo de asistencia. A esos que quieren hacer trizas los acuerdos de paz, quiero decirles que no la tendrán fácil. La nuestra no es sólo una campaña a la Presidencia, el nuestro es un movimiento, un movimiento por la paz: vamos a ir a cada rincón de Colombia, vamos a tocar cada puerta, a hablar con la gente en la calle, a tomarnos las redes sociales. Esta es La Paz en Marcha.

Para la paz no es suficiente el silencio de los fusiles, el acuerdo de paz es tan sólo un primer paso, la paz verdadera es llevar oportunidades donde antes había abandono.  

¿Puede un niño nacido en el Chocó sentir que la sociedad es justa? Y a los niños de La Guajira, ¡cómo decirles que esta es una sociedad igualitaria cuando mueren de hambre porque políticos corruptos se roban sus alimentos!

Tristemente, el proyecto de vida de cada niño colombiano no depende solo de su talento o su disciplina. Muchas veces depende más del color de su piel. De sus apellidos. De su acceso a la educación. 

Poner La Paz en Marcha significa que no se queden por fuera esos millones de jóvenes que sin empleo ni oportunidades corren el riesgo de caer en las drogas o ser desviados a la violencia. ¿Qué Colombia podemos construir si dejamos por fuera a los jóvenes?

Poner La Paz en Marcha significa apoyar a miles de pequeñas empresas a las que hemos dejado solas y amenazadas. 

Poner La Paz en Marcha significa apoyar a millones de campesinos a los que se les han negado todas las oportunidades, que no tienen tierra suficiente, que no tienen vías terciarias, internet, ni educación de calidad. 

Poner La Paz en Marcha significa detener la devastación ambiental de nuestros ríos, páramos, y proteger nuestra biodiversidad . 

Poner La Paz en Marcha significa apoyar de verdad a los que se han quemado las pestañas buscando soluciones en la ciencia y la innovación. 

Poner La Paz en Marcha significa construir la paz verdadera. Esa a la que le tienen miedo los que quieren hacer trizas los acuerdos de paz.

La paz es construir un país de progreso y de oportunidades. Para todos. No solo para los que han nacido en cuna de oro.

Hoy me embargan sentimientos opuestos. Un sentimiento de inconformidad. Pero también un sentimiento de esperanza. Entiendo la inconformidad de los millones de colombianos que sufren en medio de la indiferencia de los más afortunados.

Comparto la inconformidad de tantos ciudadanos que necesitan, una mejor salud, una mejor educación, más seguridad y mejor justicia.

Comparto la inconformidad de quienes se parten el lomo día a día tratando de sacar adelante sus familias cuando unos cuantos corruptos se enriquecen robando los dineros del Estado.

Ha terminado la guerra con una guerrilla. Una guerra de más de 50 años que nos dejó 8 millones de víctimas.

Yo me siento orgulloso de haber liderado con carácter y disciplina una negociación ardua, difícil, que logró el desarme de un ejército irregular y el compromiso de sus miembros de someterse a un sistema de justicia.

Pero la tarea no acabó con el acuerdo de paz. ¡La tarea apenas inicia! Debemos llevar la consigna de la no violencia a nuestro entorno, a los hogares, a la vida ordinaria.

¡No a la violencia intrafamiliar! ¡No al feminicidio! ¡No al abuso contra los niños! ¡No a los atracos en las ciudades!

Hacer trizas los acuerdos con la guerrilla sería una locura, una insensatez en la que Colombia no puede caer.

¡No vamos a dejar que se nos queme la paz en la puerta del odio!

Todo lo contrario. Ahora que terminó ese conflicto absurdo, es el momento de mirar hacia el futuro y de poner LA PAZ EN MARCHA.

Acallado el fragor de los fusiles, disipada la niebla de las bombas, podemos soñar y construir la Colombia que queremos tener.

Podemos ver los desafíos que tenemos por delante y que ahora es posible enfrentar con vigor y esperanza.

Podemos ver el nuevo rostro de la paz. Y ESE ROSTRO ES EL DE LAS OPORTUNIDADES.

Colombianos:

Mi propuesta de gobierno no es la propuesta únicamente de Humberto De La Calle, ni del Partido Liberal, ni de los grupos de ciudadanos que me honran con su apoyo.

Mi propuesta de gobierno es una propuesta que nace del sentir de millones de compatriotas que hoy están inconformes, sí… ¡pero que también tienen esperanza!

Millones de colombianos que tenemos fe en que nuestro país puede ser mejor: no solo sin guerra, sino también reconciliado y con mejores condiciones de vida para todos.

Como dijimos, el punto de arranque de los colombianos no es el mismo para todos. Algunos nacen con desventajas que frenan sus vidas.

¡Hay que NIVELAR LA CANCHA! El Estado debe ir PRIMERO POR LOS POBRES.

Más crecimiento económico, pero crecimiento incluyente.

Un Estado que logre por fin hacer presencia en los confines hoy abandonados a la miseria y, sobre todo, a la indiferencia.

Una sociedad solidaria. Una sociedad justa.

Una sociedad dispuesta a recuperar esa Colombia profunda que se ha quedado atrás.

Una sociedad DONDE TODOS QUEPAMOS.

Me han preguntado por qué quiero ser Presidente. Lo tengo claro.

 

Nací y crecí en medio de la violencia política que azotó a nuestro país a mediados del siglo pasado.

 

Mi familia fue desplazada por ser liberales. Mi padre lo perdió todo. Con su trabajo y el de mi madre –que fue educadora toda su vida– logramos salir adelante.

 

No nos faltó nada esencial, pero tampoco sobraba nada. Por fortuna, tuvimos una casa de las que construía el Gobierno. Y buena educación. Terminé mis estudios superiores en una universidad pública de Manizales.

 

Fue una experiencia enorme que quisiera que muchos jóvenes pudieran tener. En la Universidad nos encontrábamos todos sin distinciones de apellido o de estrato.

 

Ese es el sistema educativo con el que sueño. Uno que no divida, ni se base en privilegios, donde los jóvenes de todos los estratos se preparen para el futuro en igualdad de condiciones.

 

Durante más de veinte años he sido profesor. Ha sido una de mis mayores pasiones. Porque enseño pero aprendo también de los jóvenes.

 

He trabajado en el Estado, pero no he sido ni soy un político profesional.

 

He estado varias veces en la vida pública. Pero sin clientelismo ni nada que se le parezca.

 

Fui el vocero del gobierno en la Constituyente de 1991. Logramos una Constitución abierta, moderna, que respeta las diferencias. Que busca una mayor igualdad entre los colombianos.

 

Una Constitución llena de derechos, que en parte no hemos podido garantizar por la existencia perversa de un conflicto armado que malgastaba las energías del Estado y frenaba nuestro progreso.

 

Luego fui el jefe de la delegación que puso fin al conflicto con las FARC. Ese conflicto fue una tragedia larga y dura, tanto que nos habíamos casi resignado a vivir con ella.

 

¡Pero uno no puede resignarse a la tragedia! ¡Uno no puede resignarse a la desesperanza!

 

¡Y logramos terminar el conflicto!

 

Sin embargo hay algo que me entristece. Hay intereses que quieren dar marcha atrás. Enredar la pita. Impedir que los desplazados recuperen su tierra. Dejar viva la discriminación. No podemos permitirlo. Hay toda una generación de jóvenes que se merecen un futuro diferente al de la profundización de la guerra, un futuro diferente a la falta de oportunidades, un futuro diferente a la intranquilidad de la violencia cotidiana. Quiero ser presidente para construir un país diferente: Uno que verdaderamente pueda aplicar a cabalidad la carta de derechos que fue la constitución del 91. Un país donde quepamos todos.

 

 

&&&

 

Por eso hoy –con conocimiento de causa– los invito, colombianos, a que PONGAMOS EN MARCHA LA CONSTITUCIÓN, PORQUE PONER EN MARCHA LA PAZ ES PONER EN MARCHA LA CONSTITUCIÓN DE 1991.

 

Yo estuve en esos dos procesos. Yo sé cómo dirigir el Estado. Y estoy seguro de que con Ustedes podemos lograr al fin el país que queremos y merecemos.

 

Por eso –porque mi vida pública y mi sentido de patria me lo exigen– creo que tengo el deber de ofrecer esa experiencia a Colombia.

 

Me ha tocado liderar procesos difíciles. Me ha tocado pelear a pulso por cada avance y cada logro democrático. Y ahora es el momento de concluir la tarea.

 

Cuando salió la nueva Constitución, tuve un sueño. Pensé que se abría la puerta a un nuevo país. Muchas cosas cambiaron, pero algo falta. Y quiero terminar de cumplir ese sueño de la mano de los colombianos, ¡CON USTEDES!

 

También pusimos fin a una guerra de más de medio siglo. ¡Y no vamos a dejar que nadie nos devuelva a esa guerra!

 

Como dijo el papa Francisco, ¡no nos dejemos arrebatar la esperanza! ¡No nos dejemos arrebatar la alegría!

 

Queridos amigos:

 

Hoy los convoco a acompañarme en la construcción de un país DONDE QUEPAMOS TODOS.

 

Hoy los convoco ¡A PONER EN MARCHA LA PAZ!

 

Y ¿cómo lo vamos a hacer?

 

Trabajando, juntos, por una Colombia con MÁS OPORTUNIDADES, con TRANQUILIDAD y con DECENCIA.

 

MÁS OPORTUNIDADES frente a la inclusión, el emprendimiento y la educación.

 

TRANQUILIDAD en términos de seguridad y justicia.

 

Y DECENCIA, porque les diremos con fuerza, con acciones concretas, con decisión desde el más alto cargo del Estado, NO A LOS CORRUPTOS, ¡NO A LA CORRUPCIÓN!

 

*****

 

Para un país con MÁS OPORTUNIDADES vamos a fijar una prioridad absoluta en la acción del Estado, y esa prioridad serán nuestros compatriotas más pobres, esos 14 millones de colombianos que necesitan de la mano amiga y solidaria de todos.

 

¡PRIMERO LOS POBRES! Que no quepa duda: en mi gobierno los primeros no serán los que ya tienen todo, sino los que carecen de todo. 

 

Eso quiere decir que los pobres pasarán de primeros en la cola de aspirantes a obtener servicios y bienes públicos de buena calidad.

 

El objetivo no es ayudarlos a soportar la pobreza. No. ¡El objetivo es que dejen de ser pobres! Y es posible hacerlo.

 

En los últimos años millones han salido de la pobreza, pero podemos hacer mucho más si enfocamos toda la acción del Estado a ese objetivo.

 

Podemos hacer más si aplicamos realmente la Constitución de 1991.

 

Podemos hacer más sin el peso de un conflicto armado que nos frenó por más de medio siglo.

 

Hay que crear oportunidades para que los colombianos de menores ingresos compitan con éxito y prosperen ellos y sus descendientes.

 

Y lo haremos con acciones concretas y sin populismo.

 

No queremos que Colombia sufra lo que sufre hoy Venezuela.

Por eso necesitamos una política seria para vencer la inequidad. Y también una política libre de clientelismo y corrupción.

 

Una Colombia con MÁS OPORTUNIDADES, jugada por los pobres, es una Colombia que democratice la SALUD Y LA EDUCACIÓN de calidad y la haga asequible a todos.

 

Y tenemos que ir más allá: tenemos que buscar un punto en el que nos encontremos como colombianos. Y aquí estoy hablando de un concepto que nos tiene que reunir a todos: la RECONCILIACIÓN.

 

La reconciliación como proyecto nacional.

 

PARA PONER LA PAZ EN MARCHA:

 

Voy a destinar el 1% del PIB a un servicio social obligatorio, para que todos los muchachos y muchachas que terminen su bachillerato se vuelquen a ayudar a los pobres, a los necesitados.

 

No para llevar un pedazo de pan. Sino para que por fin sintamos que somos parte de una sociedad. Y será un servicio social pagado, para que de esa manera brindemos ingresos a los jóvenes, que padecen con más dureza el desempleo.

 

En mi juventud, con otros compañeros, trabajábamos en barrios de autoconstrucción los fines de semana. Y más tarde fundamos un colegio nocturno gratuito. Allí dábamos clase al terminar nuestra jornada.

 

Teníamos mística. Solidaridad. Eso es lo que quiero para los jóvenes colombianos. ¡Tenemos que vencer el egoísmo! ¡TENEMOS QUE VENCER EL EGOÍSMO!

 

Vamos a establecer programas “post-secundaria” en los colegios públicos y privados –en los años 11 y 12– para brindarles a los jóvenes competencias básicas para el trabajo y capacitación técnica en oficios de alta tecnología.

 

Y a nuestros jóvenes del campo les ofreceremos, adicionalmente, programas de capacitación en competencias para agricultura y ganadería y competencias ambientales.

 

Pero no se estudia solo para estudiar. Se estudia para emplearse, para emprender. Y por eso lanzaremos toda una cruzada por EL EMPLEO y EL EMPRENDIMIENTO.

 

Es posible tener Universidad para todos. Con la tecnología y la educación a distancia se abarata el costo. Vamos a brindar educación superior a todos los bachilleres.

 

Un sistema de becas completas para los más pobres. Que incluyan la manutención para que no ocurra que muchos jóvenes logran ingresar a la Universidad y luego se tienen que retirar por falta de plata. Y a los que puedan pagar, les daremos crédito. Hay que el Icetex por un organismo más humano, con créditos más suaves. El Icetex es como un nuevo Upac que está ahogando a los jóvenes.

 

Vamos a destinar recursos suficientes para organizar –junto con el aporte de las autoridades departamentales y municipales– programas de empleo para jóvenes desempleados y personas mayores de 55.

 

Nada de subsidios de los pobres a favor de los ricos como ocurre con las pensiones de jubilación. Y con ese ahorro, hay que ampliar la base de pensionados y crear la pensión universal de vejez. Ya veo a los pesimistas diciendo que no se puede. Claro que se puede. Muchos países latinoamericanos la tienen. No podemos dejar a los viejos abandonados a la miseria.

 

Vamos a darles la mano a esos jóvenes sin experiencia y a esos adultos con mucha experiencia, que constituyen los sectores “inempleables”, y que tienen mucho que ofrecer a la sociedad.

Vamos a crear crear entre 500 mil y un millón de empleos en los primeros años de operación de este programa que se mantendrá hasta cuando tengamos una economía más justa.

Como en todos los programas sociales del gobierno, se le dará preferencia a los más pobres y, por supuesto, A LAS MUJERES, ¡a esa gran fuerza femenina que necesita Colombia para crecer!

Porque la mujer debe tener los mismos derechos. Más acceso a cargos de dirección. Más participación política. Iguales derechos. No hay razón para que el salario de la mujer sea menor. Y también más empleo.

Empleo para la mujer es ampliar la fuerza laboral, es crecimiento económico, es mejorar el ingreso de los hogares. El mercado interno cuando ahora somos 50 millones, es la malla de protección de la economía.

 

Y los colombianos también exigen UNA MEJOR SALUD.

Falta mucho, ¡muchísimo!, en materia de calidad y de oportunidad del servicio de salud.

 

¡Cuántos colombianos humildes pasan angustiosas horas en las filas, esperando por una cita, por la programación de una cirugía o una terapia, que a menudo les demoran por meses y meses!

Queremos un sistema de salud donde no se requieran palancas, donde se regularice todo el sistema de autorizaciones y donde todas las personas tengan el mismo derecho y el mismo trato.

Eliminaremos por completo la politiquería y la corrupción en el sistema de salud.

No permitiremos que el exceso de lucro sea la guía del sistema de salud. La enfermedad no puede ser simplemente un negocio.

Públicamente me comprometo a que el 8 de agosto de este año comenzaremos a sacar los hospitales y las prestadoras de salud públicas de las manos de los políticos locales, para recuperar el rumbo a través de gerentes y directivos escogidos técnicamente, por sus competencias y méritos.

Vamos a implementar medidas muy fuertes en el sector de la salud que servirán para equilibrar la cancha y asegurar que la buena medicina llegue a todos y PRIMERO A LOS POBRES.

Impulsaremos la telemedicina para que los pacientes de zonas apartadas accedan a los mejores especialistas del país de forma oportuna.

Queremos médico familiar. Queremos medicina preventiva. Queremos que desde la cuna se proteja la salud. El uso del tiempo libre, la comida sana, el deporte.

Y pondremos en cintura a los evasores, que no aportan al sistema de salud, para generar recursos con los que construiremos más y mejores hospitales, clínicas, centros de salud, laboratorios, para los más humildes de Colombia.

Ahora bien, para dar prioridad a los pobres, para tener mejor educación, para tener mejor salud… necesitamos recursos, necesitamos UNA ECONOMÍA QUE CREZCA.

 

Crecer, crecer y crecer, porque sin crecimiento económico no es posible atender adecuadamente a la población más pobre.

Colombia no puede resignarse a tasas mediocres de crecimiento como el 2 o el 3 por ciento.

Ahora, sin el peso de esa guerra infame con las FARC, con el turismo creciendo exponencialmente, con el campo listo para entregar todo su potencial, con mejores vías construyéndose a lo largo y ancho del territorio, con los inversionistas ávidos de trabajar con nuestro país, ¡ES EL MOMENTO DE CRECER!

Así como lo hizo Franklin D. Roosevelt en los Estados Unidos en los años 30, crearemos un plan de choque con más obras de infraestructura de transporte –en particular de vías terciarias para los pequeños campesinos– y de infraestructura social que aumenten el empleo disponible de forma muy significativa.

Nuestro plan consiste en vincular grandes recursos de inversión a unos megaproyectos estratégicamente seleccionados que, en alianza con el sector privado, permitan el nacimiento de empresas o iniciativas altamente productivas, que demanden grandes cantidades de trabajadores en sectores industriales, agrícolas y de tecnología.

Colombia debe fijarse la meta de tener un desempleo por debajo del 6%, ¡y podemos lograrlo!

Con más empleo, hay más ingresos en los hogares, hay más consumo… y todo se vuelve un círculo virtuoso para la economía y para los colombianos.

Y por supuesto, está el tema de los impuestos.

En Colombia tenemos una tasa muy alta de impuestos para nuestro sector productivo, que desestimula su actividad.

A la vez tenemos una evasión muy grande. Los más ricos se las arreglan para pagar pocos impuestos, y los trabajadores de ingresos medios son los que acaban sosteniendo las tareas del Estado. Con tecnología y cooperación internacional vamos a perseguir la plata que llega a los paraísos fiscales. El dinero deja huella. Vamos a seguir la ruta del dinero.

Combatir la evasión debe dejar de ser un propósito vacío, para convertirse en medidas concretas que aseguren que los que más tienen paguen más.

Y en la medida en que el recaudo aumente podremos disminuir la tarifa de renta para las pequeñas y medianas empresas, que hoy tributan al 34%.

No será algo automático. No se puede hacer populismo con los ingresos de los colombianos. Para reducir las tasas de impuestos, tenemos que reemplazar estas fuentes de recursos o mejorarlas, con el control de la evasión, por ejemplo. ¡Y eso es lo que haremos!

Hay que controlar el gasto. Pero no el gasto social. No el que realmente va a los pobres. Hay que eliminar el gasto que sólo va a aceitar el clientelismo. Eliminar la mermelada. Y haremos que los subsidios, que serán temporales, sólo vayan a los realmente  más pobres. Vamos a acabar con las exenciones y privilegios tributarios injustificados. Allí recuperamos 5 billones de pesos.

En cambio, para seguir uniendo nuestro país, habrá beneficios especiales para quienes inviertan en las zonas que fueron más afectadas por el conflicto, para que generen empleo y empresa en esas regiones tan queridas pero tan olvidadas de nuestra patria.

Porque MÁS OPORTUNIDADES también significa tener una Colombia VOLCADA A SUS REGIONES.

Yo soy un hombre de región. Nací en Manzanares, un pequeño pueblo de Caldas; estudié en Manizales, y entiendo a Colombia como una suma afortunada de regiones diversas, que son nuestra mayor riqueza.

Por décadas el conflicto armado nos tuvo separados, nos tuvo de espaldas a nuestras fronteras; inconscientes de lo que pasaba a nuestros hermanos en las selvas, en los campos, en las veredas más alejadas.

Ahora es el momento de volcarnos a las regiones, de conectarnos con ellas, y de llevar la presencia del Estado –la presencia social, institucional, de seguridad– a donde no habíamos podido llegar.

Y lo haremos también poniendo en marcha el más ambicioso programa de vías terciarias que haya conocido el país.

¡Porque llegó la hora de nuestros campesinos y llegó la hora de las regiones!

Esa Colombia CON MÁS OPORTUNIDADES necesita ser también una Colombia con TRANQUILIDAD.

Es decir, con mayor seguridad y mejor justicia.

El fin del conflicto con las FARC ha mejorado la seguridad, pero no es la panacea ni la receta del paraíso.

Sabemos que los colombianos siguen sufriendo por la delincuencia común que los hace sentirse temerosos en las calles o en sus propias casas.

Sabemos que subsisten las mafias y organizaciones del narcotráfico, el ELN –mientras no se logre una solución dialogada–, las disidencias de las FARC… y a toda ellas hay que aplicarles toda la contundencia del Estado y de la fuerza pública.

En mi gobierno no habrá complacencia con los criminales que atentan contra la tranquilidad, la vida, honra y bienes de los colombianos. ¡Los perseguiremos y combatiremos con todo!

 

Mantendré y seguiré fortaleciendo el poderío de nuestras Fuerzas Militares y de Policía, para que copen los espacios dejados por las FARC y para que combatan con toda decisión a los factores de violencia e inseguridad.

El heroísmo de nuestras fuerzas armadas lo llevaremos a luchar contra los delincuentes que atracan y que violan a los niños.

Queremos seguridad humana. Una policía renovada con énfasis en combatir el delito, proteger los derechos, lograr convivencia y proteger el ambiente.

Pero de poco sirve la seguridad sin justicia. ¡De nada sirve capturar delincuentes si a las pocas horas o días son liberados por fallas en los procedimientos o demoras en nuestros juzgados!

Queremos revolucionar el sistema de justicia para que todos los colombianos tengan acceso a un servicio eficaz y transparente, y para que el acceso sea igualmente sencillo para todos, sin reparo en el nivel social o el lugar donde se vive.

Trabajaré de la mano con la rama judicial –que conozco bien– para depurarla, para darle más herramientas, para modernizarla y agilizarla, de forma que sea la garante de derechos de los colombianos que debe ser. Una rama judicial limpia. Sin puerta giratoria. Sin la manguala del “yo no te juzgo” y “tu no me juzgas”.

Y esa Colombia CON MÁS OPORTUNIDADES y CON MÁS TRANQUILIDAD debe ser una Colombia CON DECENCIA.

¡A quién le cabe duda del terrible flagelo que es la corrupción para una sociedad como la nuestra!

De nada sirve tener programas sociales o económicos, si al final los recursos se los roban –sí, con todas las letras, SE LOS ROBAN–  se los roban unos cuantos delincuentes de cuello blanco, amparados por el poder político nacional o regional.

Hay que castigarlos con dureza. No con casa por cárcel. No con penas ridículas. Que paguen como los ladrones que son, y que reciban la sanción social que corresponde.

La corrupción es el cáncer de la sociedad y vamos a aplicarle una quimioterapia intensiva.

La corrupción, además, adormece los valores sociales y se convierte en la cultura del más vivo, del atajo, del “todo vale”, o de “lo importante es que no me pillen”.

¡Así no sale adelante ningún país! Por eso convoco y convocaré a una cruzada permanente POR LA DECENCIA.

Seamos decentes con los recursos públicos y privados, seamos decentes en nuestro trato con las personas, seamos decentes en nuestro cumplimiento de la ley. Seamos decentes en esta campaña que comienza.

La lucha contra la corrupción debe ser del Estado pero también de toda la sociedad, de todos y cada uno de nosotros.

Y me propongo dar ejemplo desde el alto Gobierno. La primera y mejor forma de controlar la corrupción es designar en los cargos de responsabilidad a personas íntegras, capaces, y no a cuotas del clientelismo y el amiguismo.

Ser honesto y ser capaz serán los dos requisitos esenciales para trabajar en mi gobierno, y si para llegar a la Presidencia debo pactar con corruptos, ¡prefiero no ser Presidente!

Hay que romper ese vínculo perverso, macabro, solapado, entre el ejercicio de la política y la consecución de prebendas o contratos del Estado.

Comenzando por mi propia campaña, y durante mi Gobierno, NO habrá campo alguno para esas componendas.

¡Porque queremos una Colombia DECENTE, una Colombia LIMPIA, una Colombia HONESTA!

Y digo algo más: SEAMOS DECENTES CON NUESTRO MEDIO AMBIENTE.

¡NO MÁS DESTRUCCIÓN DE NUESTROS RECURSOS!

Así como la protección de nuestros pobres será prioridad de nuestro gobierno, lo será también la protección de nuestro ambiente.

Los cultivos ilícitos, la minería ilegal, la repartición exagerada y poco rigurosa de títulos mineros, y la falta de conciencia, están destruyendo nuestro suelo, nuestros bosques, nuestra agua.

El cambio climático es una realidad. Cada vez cuesta más superarlo. Y golpea más duro a los pobres como lo vemos a diario entre nosotros con las sequías y las lluvias torrenciales.

Por eso frenaremos esa feria de concesiones mineras que tuvo su auge en la primera década de este siglo, y vamos a castigar severamente cualquier actividad extractiva que no sea responsable con el ambiente o las comunidades.

 

Colombia es el país más biodiverso del mundo en relación a su extensión. Y me comprometo a trabajar para que siga siéndolo.

 

Este no es un privilegio sino una responsabilidad con nosotros, con las futuras generaciones y con la humanidad

 

Y aquí debo hacer una confesión. En mi juventud fui taurino. Crecí en un medio en el que las corridas de toros eran algo natural. Pero ha llegado la hora de suprimir ese foco de crueldad. Los animales son seres sintientes. Merecen respeto. Que la fiesta brava sea una tradición, es indiscutible. Pero no tenemos por qué seguir atados a tradiciones dañinas que lanzan mensajes de crueldad innecesarios.

 

Igualmente recuerdo que en Navidad recogíamos musgo para el pesebre. También era una tradición. Esta sí, una bella tradición. Pero no podemos desnudar la tierra sin destruirla.

 

Los niños de mi barrio tenían caucheras para matar pajaritos. Eso demuestra que crecimos en medio de una sociedad ciega y muy poco sensible al cuidado de la naturaleza.

 

Hoy mis hijos y mis nietos, y sus amigos, tienen más conciencia. Son más responsables. Ahora tenemos que detener y revertir el proceso de deterioro de nuestra patria.

No puedo terminar sin hacer una referencia sentida –desde el fondo de mi corazón– a mi familia y, a través de ella, a todas las familias colombianas. Me casé muy joven con Rosalba, una compañera excepcional. Y lo que soy, lo debo en buena parte a su amor y compañía.

Toda mi vida he estado con ella. Tenemos tres hijos maravillosos y seis nietos.

Uno de mis mayores pesares cuando estuve casi cinco años en La Habana luchando por la paz era la ausencia de mi familia. A veces pensaba que cada día que me perdía de estar con mis nietos era un día irrecuperable. Pero a la vez me daba energía pensar que estaba trabajando por ellos.

Lo que hicimos entonces; lo que hacemos ahora; lo que queremos hacer desde el gobierno, si los colombianos me brindan su confianza, es POR ELLOS… ¡Es por todos los nietos de Colombia!

Por eso, amigas y amigos, queridos colombianos, los convoco hoy, con todo el entusiasmo, con toda la firmeza, con toda la serenidad, a que me acompañen a construir UN PAÍS DONDE QUEPAMOS TODOS.

Aquí no habrá exclusiones. ¡Hay Colombia para todos!

Porque no queremos dividir, sino unir. No queremos discriminar, sino respetar. No queremos odiar, sino amar.

¡VAMOS A PONER LA PAZ EN MARCHA!

Ya no se trata de quién dijo SÍ o quién dijo NO al acuerdo de paz. Ahora se trata de mirar hacia el futuro, para que TODOS digamos a una Colombia mejor, progresista, moderna, RECONCILIADA.

Una Colombia… ¡CON OPORTUNIDADES!

Una Colombia… ¡CON TRANQUILIDAD!

Una Colombia… ¡CON DECENCIA!

Los invito a acompañarme. Hagamos esta cruzada juntos. Demos este paso juntos.

¡Una Colombia con oportunidades, con tranquilidad, con decencia!

¡Una Colombia donde quepamos todos!

¡Una Colombia reconciliada! Muchas gracias"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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