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Viernes, Julio 20, 2012 - 12:10

Los criollos de la Nueva Granada, liderados por una junta de notables, integrada por autoridades civiles e intelectuales entre los que se encontraban José Miguel Pey, Camilo Torres, José Acevedo y Gómez, Joaquín Camacho, Jorge Tadeo Lozano, Antonio Morales, estaban buscando la manera de atacar el gobierno del Virrey Amar y Borbón, quitarle el poder a España, que políticamente estaba debilitada, ya que Napoleón Bonaparte dos años antes, en 1808, había invadido el país ibérico, logrando la renuncia del Rey español Fernando VII, y así tomar el control de la colonia (Colombia).

 Un plan  

 En las casas de los notables criollos se empezaron a realizar reuniones para crear una táctica política que provocara una perturbación del orden público, para provocar una revuelta popular y forzar una Junta Suprema, o cabildo abierto, que no es más que la posibilidad de participación en las políticas de un estado.

 El plan se puso sobre la mesa. La idea era crear un alboroto en la plaza central, tendría que ser un viernes, ya que era día de mercado, así el lugar estaría lleno de criollos, los cuales apoyarían las peticiones o exigencias que se le harían al gobierno español.

 El famoso florero

 El plan, el cual se elaboró en la casa de Camilo Torres y que fue idea de don Antonio Morales, fue el siguiente:

Aprovecharían que Antonio Villavicencio, un patriota ecuatoriano que fue nombrado comisario regio para la Nueva Granada, llegaría en el mes de julio a Santa Fe de Bogotá para asumir su nombramiento, y el viernes 20 de julio, día de mercado en la plaza mayor, hoy plaza de Bolívar, irían hasta la tienda de el español José González Llorente, ubicada en la esquina nororiental de la plaza, (hoy Casa Museo del 20 de Julio), a pedirle prestado un florero para adornar la mesa para recibir a Villavicencio.

Como tenían la certeza de que el español se negaría, allí iniciaría el problema y los hermanos Morales, quienes se ofrecieron a ir a hacer la solicitud, agredirían al español. Pero si el plan no resultaba y Llorente sí prestaba el florero o lo negaba amablemente, como lo hizo, el plan b era que Francisco José de Caldas, un reconocido chapetón, pasara por el frente de la tienda, saludara a Llorente, hecho por el cual sería increpado por los Morales, por haber saludado a un enemigo de los americanos: un chapetón.

Según algunos historiadores, aquel día en medio de la pelea que los Morales iniciaron en la tienda de Llorente, el florero cayó al piso y se rompió. Muchos años pasaron sin que se tuviera conocimiento de aquella pieza. El florero volvió a aparecer el 23 enero 1882, cuando Epifanio Garay, músico y pintor colombiano, quien guardaba como una joya la base de dicho florero, lo donó al Museo Nacional. Hoy dicha pieza reposa en la Casa Museo del 20 de julio.

 El plan andando

 Eran las 11 de la mañana del viernes 20 de julio de 1810. Los hermanos Morales: Antonio y Francisco, en compañía de Pantaleón Santamaría, otro patriota, fueron a solicitar el florero a Llorente, este negó el préstamo, pero lo hizo en términos amables y corteses. El plan b entro en escena: Francisco José de Caldas pasó por frente a la tienda, saludo a don José Llorente, los Morales le increparon su cercanía con el chapetón e inventaron a todo grito que el español había insultado a Villavicencio y al pueblo americano, al parecer, también lo golpearon.

 Segundos después la plaza se convirtió en un hervidero. Los criollos, algunos de ellos conocedores del plan, empezaron a romper ventanales y a gritar arengas a favor de la libertad y en contra del virreinato de Amar y Borbón.

 En medio de la revuelta veces en la plaza gritaban: ¡Están insultando a los americanos! ¡Queremos Junta! ¡Viva el Cabildo! ¡Abajo el mal gobierno! ¡Mueran los bonapartistas!.

 José Acevedo y Gómez tomó la vocería de los discursos que los criollos muy atentos escuchaban y apoyaban. En uno de ellos Acevedo dijo una de las frases más célebres de aquel día, la cual le mereció el nombre de Tribuno del Pueblo: “Si perdéis estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de 12 horas, seréis tratados como los insurgentes, ved los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan.”

 El pueblo despertó

 Ante la euforia del pueblo el Virrey sintió que la situación se le salía de las manos. El capitán Antonio Baraya, soldado del ejército español y quien para aquel día era comandante de la guardia del Rey, en el momento de la revolución puso sus hombres al servicio de los criollos. El miedo ante la turba se apoderó de él, por tal razón hacia las horas de la tarde aceptó que se convocara a una junta que llamaron cabildo extraordinario, en la cual participaron el virrey Antonio Amar y Borbón, los oidores y los miembros del Cabildo de Santa Fe.  El mismo pueblo fue quien eligió mediante aclamación a sus voceros ante el virreinato turno, estos fueron: Camilo Torres, Luis Caicedo y Flórez, Joaquín Gutiérrez, José Miguel Pey, Frutus Joaquín Gutiérrez, Sinforoso Mutis, Miguel Pombo, Luis Fernando Azuola Pedro Groot, Andrés Rosillo, Antonio y Francisco Morales y el capitán Antonio Baraya.

 Luego de reunido el Cabildo, se procedió a elegir una Junta Suprema de Gobierno, la cual desconoció el poder y la autoridad del Virrey, quien, 5 días después, el 25 de julio, en compañía de su esposa fue arrestado, para luego, el 15 de agosto siguiente, ser desterrado hacia España.

 El acta de independencia

 Este día termina e inicia el 21 de julio con la redacción y firma de un documento que se llamó el acta de independencia. En dicho documento teóricamente se reconocía al Rey español Fernando VII como monarca pero sólo en teoría, ya que se establecía la creación de un gobierno local, un congreso, la creación de de una constitución y se le daba participación al pueblo, mediante la consideración por primera vez de elecciones populares.